La entrada de los romanos en Hispania se produce
en el siglo III a.C. Se establece un pacto entre Cartago
y Roma que divide la península en dos zonas de influencia.
- El
conflicto de Sagunto en el año 219 a.C. provocará la
entrada de tropas romanas en el 218 a.C. a través de Ampurias,
dirigidas por Publio Cornelio
Escipión y su hermano. Al año siguiente desembarcó
otro Publio Conelio Escipión, que tomó Cartago Nova en el
año 209 a.C. y acabó con los cartagineses en la batalla
de Ilipa.
- En el año 197 a.C. la península fue dividida en dos
provincias encomendadas a Pretores: Hispania Citerior e
Hispania Ulterior, situándose el límite de ambas
cerca de Cartagena.
- Tras las revueltas de los lusitanos dirigidos por
Viriato, la guerra celtibérica de
mediados del II a.C. y la caída de Numantia en el
año 133 a.C. a manos de un tercer
Escipión, conocido como
"Emiliano" y "Numantino", Roma envía a la península una
comisión de diez senadores para establecer el sistema
provincial definitivo y sus leyes. Se conquistan las Baleares,
comienza un período de paz, se fundan las colonias, se
construyen calzadas y el latín entra a formar parte de la vida
de los habitantes peninsulares.
El siglo I a.C. tendrá a Hispania como
protagonista de buena parte de los conflictos internos de Roma.
- La
guerra civil entre Mario y
Sila tendrá su episodio
bélico en el norte peninsular con la rebelión de
Sertorio, antiguo gobernador de la
Citerior. Cneo Pompeyo
Magno, un general legendario,
entrará en la península y le derrotará,
terminando el intento secesionista en el año 72 a.C.
- Poco tiempo después el mismo
Pompeyo y su gran rival,
Julio César, tendrán en
Hispania enfrentamientos muy relevantes en la nueva guerra
civil romana. En Lérida y Munda (Córdoba) se
desarrollarán combates que acabarán con el dominio
pompeyano en el año 45 a.C.
- En el 27 a.C. el emperador Octavio
Augusto reestructuró Hispania: la
Citerior pasará a llamarse Tarraconense
-provincia imperial, ocupando el mismo territorio- y la
Ulterior se dividirá en Betica -provincia
senatorial- y Lusitania -imperial-compartiendo un territorio
que verá sus límites modificados a lo largo de la
historia. El Emperador rematará la conquista total de
Hispania incorporando los territorios de cántabros y
astures al norte del Duero en el año 19
a.C.
Desde el siglo I d.C. Hispania se distribuirá en
"conventus", circunscripciones judiciales más pequeñas
dependientes de las provincias (7 en la Tarraconense, 4 en la
Betica y 3 en Lusitania). En cada provincia
había un legado del Emperador; en la Betica y
Lusitania, además un Procónsul y un Cuestor.
Hispania tuvo un gran florecimoento con la dinastía
Flavia y, muy especialmente, con la iniciada por los primeros
Antoninos, Trajano y
Adriano. procedentes de Hispalis.
El Imperio Romano, por entonces, alcanza su máximo esplendor y
su máxima extensión.
A principios del siglo III d.C. el emperador
Caracalla, además de extender la
ciudadnía romana a todos los habitantes del
Imperio,creará por cierto tiempo la Hispania Nova Citerior
Antoniniana, incluyendo los territorios galaicos y astures.
Con el emperador Diocleciano
Hispania fue una de las tres Diócesis de la Prefectura
de las Galias, y tuvo seis provincias: Lusitania,
Betica, Tarraconense, Gallaecia,
Cartaginense y Mauritania Tingitana -en el norte de
Africa-.
Desde la época de Constantino
existirá también la provincia Balearica.
Organización
jurídica local
La organización legal romana diferenciaba los
núcleos urbanos en varios tipos:
a) Colonias: centros de población habitados por los
romanos -por motivos militares o para descongestionar núcleos
mayores-.
b) Municipios: ciudades incorporadas a Roma por derecho de
ciudadanía o derecho latino -sus habitantes tenían
autonomía pero pagaban tributos y cumplían para el
servicio militar-.
c) Ciudades indígenas: ciudades federadas (pactos
con Roma); ciudades estipendiarias (sometidas al gobernador de
provincia, pagan tributos); ciudades libres (sin sometimiento al
gobernador, pagan tributos)
Estos núcleos ocupaban poco menos que una quinta parte de
las poblaciones de la península; la mayoría
seguían siendo "castros" indígenas más o menos
controlados por Roma.